Es la explicación más sencilla de Andreine al momento de notificarsele la prohibición de entrada a Nicaragua
La notificación llegó el miércoles a través de un correo electrónico enviado por Copa Airlines. Había comprado un boleto de 650 dólares para viajar desde Estados Unidos a Managua y reencontrarse con sus padres después de ocho años sin verlos.
«Me negaron la entrada a mi propio país y lo peor de todo es que Copa Airlines no me quiere dar un reembolso», comenzó su relato, acompañado de un texto en el que asegura: «No tengo problemas migratorios. Sí, salí del país por la situación política porque, como joven, no miraba futuro. Afortunadamente, encontré dos países que me han acogido y en los que formé mi familia y donde estoy construyendo mi futuro. Supongo que el régimen sigue castigando a la juventud de 2018».
El caso cobra relevancia en medio de las denuncias contra la dictadura Ortega-Murillo por impedir el retorno de ciudadanos nicaragüenses considerados críticos del régimen o vinculados al exilio. Según su testimonio, actualmente reside en Estados Unidos, posee doble nacionalidad —nicaragüense y española—, está casada, embarazada y trabaja en servicio al cliente.
La joven relató que su plan era aprovechar sus vacaciones para viajar a Nicaragua el 10 de junio, ya que por razones migratorias sus padres no pueden visitarla en Estados Unidos, por lo que el reencuentro dependía de que ella pudiera entrar al país. «Dije: voy a intentar ir a Nicaragua porque mis padres no pueden viajar. Su semblante se apaga en el momento en el que menciona lo que perdió con la restricción migratoria del régimen: la oportunidad de ver a sus padres, a quienes describe como personas mayores; conocer a una sobrina a la que nunca ha visto y regresar, aunque fuera por unos días, al país que extraña. «No sé cómo sentirme. No conozco a mi sobrina; ya es una adolescente. Mis padres están viejos», expresa con impotencia.

La dictadura no perdona, siempre cobra factura
En su testimonio, la joven insistió en que actualmente no mantiene actividad política ni vínculos con movimientos opositores. “Yo no tengo vínculos políticos. Hace muchísimo tiempo que no tengo nada que ver con eso. Mi enfoque ahora mismo es mi familia“, señaló.
La nicaragüense manifestó sentirse afectada por no poder reencontrarse con sus seres queridos después de tantos años fuera del país. Organismos internacionales han alertado sobre el uso de los controles migratorios como una herramienta de castigo político en Nicaragua.
La Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) documentó que el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha intensificado en los últimos años prácticas como la expulsión de ciudadanos, la prohibición de ingreso al país y la confiscación de pasaportes.
La ONU advirtió que estas medidas vulneran derechos fundamentales reconocidos en tratados internacionales, entre ellos el derecho a circular libremente y a entrar en el propio país. Para expertos y organizaciones de derechos humanos, estas prácticas forman parte de una política de represión transnacional que extiende el control estatal más allá de las fronteras del país.